“Casa tomada” de Julio Cortázar: la invasión

Por @fomg_

En entrevista con el diario El Clarín, en 2004, César Aira dijo, entre otras cosas, que “el mejor Julio Cortázar era un mal Borges”. No he tenido la ocasión de leer ninguna de sus novelas; ergo, cualquier consideración sobre la maestría del autor de “Rayuela” no me es dada por esta vertiente, sino por sus cuentos. He tenido ocasión de leer y releer muchos de ellos; un buen número puede estar, tranquilamente, en cualquier reunión de los mejores de la literatura universal. En ese sentido, Cortázar no es menos que otros grandes narradores de su país como Bioy Casares, Arlt o el mismo creador de “El Aleph”, entre otros. Declararlo “un mal Borges” resulta provocador, por cierto, pero también algo forzoso y hasta injusto.

Cortazar BestiarioEl cuento de hoy, Casa tomada, es uno de los tantos de Cortázar condenado al panteón de los inmortales. Dicho relato fue incluido en su primer libro, Bestiario (1951), y antes editado por el propio Jorge Luis Borges en la revista Anales de Buenos Aires, en 1946. Este narra la historia de dos hermanos (Irene y el narrador) que viven en una mansión de grandes dimensiones, pero ninguno de los dos tiene interés en llenarla.En una soledad resignada pero feliz, los dos llevan una existencia rutinaria en donde comparten las labores de limpieza y cocina en el hogar. Ambos son patrones de campos en Argentina que les dan el dinero necesario para vivir una vida tranquila. Todo eso, hasta que presencias desconocidas los expulsan lentamente de la casa: primero se apoderan de las zonas del comedor y la biblioteca; luego, del resto de la casa. Esas presencias son indistinguibles y, sin embargo, incuestionables, y los hermanos van aceptando la pérdida de su hogar sin temor, en una tristeza lenta y una honda resignación.

Las interpretaciones de este cuento son variadas, pasando desde la del peronismo que invadió la vida de los estancieros y las familias conservadoras de la época, hasta una muy interesante sobre el paralelismo entre la expulsión de los hermanos de la casa y el exilio de Adán y Eva del Edén. En términos del cuento mismo, es impresionante la forma en que Cortázar dibuja la realidad y la trastoca con este elemento cuestionable en lo sobrenatural pero evidentemente intrusivo de la cotidianeidad. La forma en que los hermanos se van recluyendo en los espacios libres de la casa tomada, con mansedumbre y casi sin oposición, es una paradoja considerando que la casa es enorme («lo que era una locura pues en esa casa podían vivir ocho personas sin estorbarse» – pág 9) pero no toleran la intrusión, al punto que son incapaces de intentar recuperar los espacios tomados.

Cortázar
Cortázar

Hay temor, por cierto, pero también hay algo que los repele. ¿El asco? ¿La indignación? Y sin embargo, en la mitad del cuento, a pesar de la mitad tomada son capaces de vivir casi sin percatarse de la verdad. Ante la irrevocabilidad del espacio quitado, eligen vivir como si dicho espacio nunca hubiera existido. («Estábamos bien, y poco a poco empezábamos a no pensar. Se puede vivir sin pensar.» – pág 14). Solo al final, cuando lo han perdido todo ―nunca el terror se hace evidente― se percatan de la realidad: Irene bota el tejido que hasta ese punto nunca había dejado (trasunto de la historia que deja de escribirse) y el narrador arroja las llaves de la casa a las alcantarillas para que nadie entre en la casa perdida; así como el país tomado por asalto, como el Edén ocupado por ángeles que impiden entrada.

Este es el primer cuento del primer libro publicado por Cortázar bajo su nombre real. Apenas un debut y dejó uno de los cuentos más grandes escritos en español. Un cuento que, como su argumento y la literatura cortazariana toda, invade lentamente los espacios de la realidad. Estos espacios, sin embargo, no se lloran sino que se celebran; no se pierden sino que se amplían. Bienvenida sea, pues, la invasión.

Julio Cortázar

“Casa tomada” (del libro “Bestiario”)

Punto de lectura

2007

130 páginas

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