Detener a l@s Trump crioll@s

Por @MatyLL

Que ganara Trump en USA es una catástrofe.
Sin duda.
No me digan que Clinton era igual o peor, lo tengo claro: sería otro tipo de catástrofe. Pero ganó Trump.
Si termina con ObamaCare serán 22 millones de personas que perderán su seguro médico… ¡22 millones!
Si termina el Daca, los indocumentados no podrán trabajar legalmente: más de 4 millones de personas sin posibilidad de trabajar.
Con un senado mayoritariamente republicano y la imparcialidad de la Corte Suprema dependiendo de que no muera ningún magistrado durante su mandato.
Musulmanes deportados, latinos tratados como delincuentes, porque dice su presidente que los mexicanos son “violadores o narcotraficantes” …y el ciudadano medio yanqui que votó y llevó al triunfo a Trump seguramente no sabe cuántos países existen al sur de USA.
Ni hablar de los derechos ciudadanos. Y de los derechos sexuales y reproductivos de la mujer.
Sin embargo, todo esto, que ya se ve muy mal, y permite usar el término catástrofe sin exagerar, no es lo peor del asunto.
Lo más grave es que ganó elecciones. Que la gente votó por él. Que gente legitimó con su voto, como democrático, un discurso de odio.
Un discurso que dice que lo inmigrantes son delincuentes o terroristas, o pueden serlo, que las mujeres son cosas que el hombre puede usar a su antojo, que los pobres, que son el resultado de el sistema económico que él defiende y que le permitieron crear su propio imperio económico, deben seguir pobres, y que el estado no tiene obligación alguna con ellos, lo que en el fondo significa que no tienen ningún derecho.
Y este discurso, que es de odio, de desprecio, fue legitimado con la votación popular.
Ahora es el discurso ganador del país que más influencia ejerce en Latinoamerica.
Y esto, esto sí que no se va a revertir fácilmente; no en un par de años: esto va a tomar tiempo.
Neonazis y neofascistas campean en Europa, ganan cupos en los parlamentos, se hacen visibles.
Dicho sea de paso, de poco les ha servido a algunos prohibir este tipo de ideologías. Las ideas no se mueren con prohibición de expresarlas, menos aquellas que desprecian absolutamente el estado de derecho.
Y la visibilidad es el primer paso en busca de la legitimación.
Ya hay parlamentarios nazis en algunos países europeos; candidatos, varios.

En USA se dieron todos los pasos en uno, aparecieron y ganaron la presidencia.
Aquí en Chile el discurso de odio es bastante visible. Recordemos la marcha anti-colombianos. Todo partió como casi siempre parte: con chistes sobre los peruanos inmigrantes, hasta que burlarse o insultarlos pareciera divertido y socialmente aceptable.
El chiste de las palomas lo he escuchado/leído decenas de veces.

Luego la marcha en Antofagasta. Algunos alcaldes ya han hecho comentarios xenófobos, ya se escucha en forma habitual que los migrantes le quitan el trabajo a los chilenos, lo que es un mito: hacen trabajos para los que los chilenos no postulan y las grandes empresas tienen cuota obligada de trabajadores chilenos.
Se dice que no aportan nada al país, cuando consumen igual que cualquiera y pagan IVA, y ponen pequeños negocios que además tributan, y dan trabajo.
Se les acusa de ser delincuentes, cuando cometen cerca del 1% de los delitos que se cometen en el país.
Incluso se pretende aumentar este porcentaje agregando el delito de ingreso ilegal a Chile, y claro: ese solo lo cometen los inmigrantes.
Y podemos recordar a un pelafustán, Waldo Mora, diciendo en la TV que Bolivia quiere mar para poder traficar droga.
Estadios e hinchadas de equipos de fútbol sancionados por comentarios racistas.
Jacqueline Van Rysselberghe hace gala de su odio hacia homosexuales y personas trans desde el Senado.
Reportajes antimapuches en ciertos diarios, al punto de señalarse en algunos que el pueblo mapuche no existe. Qué tremenda violencia es eso.
Carabinera le dice a una inmigrante: “Este no es tu país”, antes de detenerla.

Detienen un migrante haitiano, lo golpean; a un venezolano le dicen que se devuelva a su país…
Y así, los comentarios ya se escuchan, ya salieron del chiste y se hacen cada vez más comunes, lo que los ayuda a naturalizarse. Y empieza el otro comentario, el que me asusta: “No dejan de tener razón: igual los colombianos son …”
Se naturaliza, se acepta, y luego se institucionaliza.

El discurso antimigrantes latinoamericanos es muy potente en Chile. Muy potente.
Y no es el único:

Recuerdo que un grupo evangélico se metió al encuentro regional “Proceso constituyente”, alterando el orden de las mesas; lograron repartirse en todas. Muchos quedamos fuera de las mesas que nos correspondían porque ellos se metieron allí sin considerar el reparto aleatorio. Al final debieron constituirse más mesas. Y estos evangélicos entraron con el único propósito de meter dos ideas: Protección  a la vida desde la fecundación y dos, que el matrimonio y adopción de niños debía ser solo para heterosexuales.
Al homologar el aborto con el homicidio, llaman a las mujeres “asesinas de guaguas” y a los gays, “degenerados, enfermos, pedófilos, etc.”
Eso es un discurso de odio.

Ahora, estos mismos tratan de constituirse en partido político, institucionalizando este discurso.

¿Cómo nos protegemos de un Donald Trump criollo?
¿Cómo evitamos que llegue al congreso o a la presidencia?
Muchos pensarán que se debe prohibir, sancionar utilizando el derecho penal.
La verdad es que eso ya se probó en algunas partes y no sirve para absolutamente nada.
USA sanciona el discurso de odio y Trump alcanza la presidencia.
Me van a citar a Alemania y dirán que allá no pasa, porque gestos o propaganda nazis son sancionados con cárcel. En realidad los nazis alemanes solo son clandestinos, existen igual.
En Alemania también el homicidio está prohibido por ley y existe igual, y los robos, y las violaciones, etc. Si no pueden surgir aún, es porque Alemania, como sociedad, lo condena moralmente. Se educa a los niños en la condena al nazismo.
Y para mí esa es la mejor defensa contra l@s Trump chilenos.

Educación, desde la sala cuna, integración, naturalización del hecho de que en Chile hay inmigrantes, de distintas etnias y culturas. Educación para que la gente deje de votar por este tipo de discursos, para que puedan identificar la realidad de los prejuicios, educar con capacidad de reflexión crítica.
En Chile puede ganar fácilmente un Trump que ataque a migrantes, que hable de “feminazis”, que diga que la vida es sagrada desde la concepción, que proponga la pena de muerte para pedófilos (eso sería el caramelo para gente bien intencionada), que ofreciera aumentar las penas a delitos violentos (otro caramelo, porque no disminuye la comisión de esos delitos), y de paso dijera estar contra el duopolio. Es un riesgo ya, hoy.
Estemos alerta: eduquemos a los hijos, detengamos el discurso de odio donde lo escuchemos, siempre.
La última barrera entre los derechos ciudadanos y l@s Trumps crioll@s, somos nosotros mismos.

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