Por decencia, la Nueva Mayoría se debería acabar

Por @aiarriagadaz 
Las últimas elecciones municipales nos han dejado interesantes reflexiones y por supuesto tengo las mías respecto de Valparaíso y el triunfo, sorpresivo, de Jorge Sharp en buena ley.
La primera reflexión dice relación con el marcado cambio en la tendencia electoral y la eterna falta de instrucción respecto de los programas políticos por parte de la comunidad. Cuando hablo de marcado cambio en la tendencia electoral no hablo sobre dogmas ni teorías políticas, mucho menos de coaliciones. Hemos dado el salto definitivo a la aspiracionalidad intelectual, hemos dejado de lado los procesos sociales de otrora para refundirnos y bañarnos en una interminable caravana de personalismos, por tanto la evaluación política electoral se dirige hacia quien “venda” de mejor manera su imagen.
Muchos cercanos y otros no tanto me preguntaron constantemente por qué apoyaba a Leopoldo Méndez, la respuesta es bastante simple, en su dialéctica reconocí aspectos que en mí también resuenan con fuerza. No había grandilocuencias, ni sesgos nocivos. A diferencia de lo que muchos veían en él yo vi un hombre con fuerza y carácter para liderar un proceso social y no jugarse un posicionamiento político, él vino a aportar igual que muchos de nosotros. Pero siendo honestos, eso a la gente ya no le interesa. Quieren ver una imagen capaz, aunque haya demostrado valores y ganas de hacer las cosas de manera diferente. Por tanto la ausencia de títulos profesionales marcaba la diferencia entre él y Jorge, nuevamente la aspiracionalidad electoral pretende ubicar a quien más pareciera saber en la posición de la disputa de poder, como si el conocimiento académico fuese proporcional a los valores de nuestra cultura porteña. No obstante, las elecciones son así, deben asumirse, rescatar lo que se pueda rescatar y desechar lo demás para seguir trabajando. Mirar hacia adelante con esperanza porque Castro se va, eso es algo que casi 70 mil porteños manifestaron en las urnas.
El programa de Leo era un  proyecto de largo aliento dirigido principalmente a fortalecer las organizaciones comunitarias y sociales de la ciudad. Algo que a muchos dentro de la NM no pareció agradar tampoco.
Ahí es donde hablo de aspiracionalidad, porque pareciésemos más interesados en disputar elecciones y estar del lado ganador que de trabajar mano a mano con nuestros vecinos. Es que muchos no saben siquiera cual es el número de su junta de vecinos, cuántos clubes deportivos existen en la ciudad, de qué sirven los clubes de adulto mayor ni los alcances de un comité de vivienda. Queremos tan sólo la idoneidad de un candidato. Queremos ganar, sólo ganar y no hay nada más capitalista que el exacerbado apetito por ganar.
Por otro lado, como no militante, tuve la oportunidad de articular con la Nueva Mayoría comunal trabajando codo a codo con ciudadanos y militantes comprometidos con el objetivo social de este proyecto, pero también pude ver la ambición, la necesidad de figurar, la deslealtad, la soberbia, la operación política nefasta y los codazos de siempre. Existen valores y políticos jóvenes rescatables que trabajan comprometidos con el objetivo de llevar a cabo proyectos colectivos, pero son los menos. Rescato casi de manera íntegra al Partido Comunista de Chile que si bien han demostrado falta de rigor en la acción política concreta y de unidad a nivel comunal son de los pocos que mantienen el bien social como fin último y premisa de articulación.
La Nueva Mayoría tampoco cumplió y no votó por el candidato que decidieron apoyar porque les ganó en su ley. Faltaron muchos de sus miembros a la palabra empeñada, en ocasiones, tan sólo por sentirse superiores intelectualmente al candidato que había ganado las primarias legales. Muchos tras las primarias se cambiaron de domicilio electoral para apoyar a otros candidatos abandonando el compromiso con nuestra comuna y anteponiendo el interés partidista versus el territorial. La gran mayoría optó por apoyar a Sharp y más que nunca se evidenció la fragilidad de un pacto electoral y no social. Insisto en desmarcar también de esta definición al Partido Radical Social Demócrata. Las otras facciones políticas quedan débiles, divididas. Sumidas en las pugnas internas y en el auto saboteo como fue el caso del nefasto Manuel Murillo, CORE y quien siendo PPD apoyó abiertamente a Jorge Castro velando por sus intereses personales y porque su protagonismo quedaba aislado. No tenía cabida su política oscura cerca de Leo Méndez.
Si bien muchos le critican adjudicándole total responsabilidad en la malograda política de la ciudad fue finalmente Ricardo Lagos Weber quien salvó la debacle comunal de la Nueva Mayoría con la reelección de su concejala Zuliana Araya y gracias a quien pudieron mantener dos cupos en el Concejo Municipal y donde un dividido y famélico Partido Socialista perdió finalmente su cupo. Crónica de una muerte anunciada.
La pregunta es ahora: ¿Está la Nueva Mayoría dispuesta a trabajar en servicio de las necesidades territoriales efectivas o esperarán que Hernán Pinto y Jorge Castro vuelvan a la carga en las próximas elecciones con Barraza y Banen respectivamente? Si ahora no son capaces de articular acción política territorial  para trabajar con nuestros vecinos y vecinas y ayudando a la nueva gestión municipal a recuperar la ciudad, por decencia, y en las actuales condiciones, la Nueva Mayoría se debería acabar. 

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *


*