Rebelde con camiseta

Por @colomba_roja

A Johan Cruyff le debo mis dos grandes pasiones: El fútbol y  el FC Barcelona. En el año 1978, plena dictadura, era yo una niña sentada en el borde de la cama de mi mamá viendo jugar a la selección holandesa en una tele de 21 pulgadas en blanco y negro que había en la casa. La “Naranja mecánica” -que casi había tocado el cielo en el Mundial del 74- reaparecía, dicen algun@s que no tan buena como la anterior. Una de las cosas que faltaban en esa selección y que la hacía diferente a la del año 1974 era la ausencia de Cruyff, quien se había negado a participar de ese Mundial, entre otros motivos, por la violación masiva a los DDHH que perpetraba la dictadura argentina, una de las más feroces del continente (sí, en Sudamérica tenemos la triste competencia de “tu dictadura fue peor que la mía”).

Tampoco lograron ganar el Mundial, ganado de manera vergonzosa por Argentina, pero al menos para mí ya era demasiado tarde: estaba perdida e irremediablemente enamorada del fútbol y sentía una curiosidad enorme por saber quién era el jugador que faltaba, ese que se nombraba en voz baja, casi con miedo, por su terrible acto de osadía de plantarle cara a una dictadura.

En esa época el fútbol internacional no estaba al alcance de la mano como ahora. Seguí la carrera de Cruyff a través de la prensa, leyendo una que otra cosa, enterándome cuando ganaba otro Balón de Oro o que había terminado su carrera en un equipo de segunda división española. Me enteré que era un “jugador conflictivo”, porque siempre le decimos “conflictivas” a las personas que no se amilanan para tomar decisiones y ser consecuentes con ellas.

Me fui a vivir a Brasil y mi incipiente amor por el fútbol tuvo su caldo de cultivo en un país donde ese deporte es una religión. Los Mundiales del 86 y del 90 los viví allá, sintiendo el dolor y la alegría de un pueblo que siempre había tenido tan poco, que el milagro de una pelota en el arco era la única manera posible de alcanzar la gloria.

En el año 1990 me fui a vivir a Catalunya, donde el fútbol –a través del Barcelona- es una manera de vivir y de resistir. Ahí me enteré que desde 1988 Cruyff era el entrenador del Barça y fue como reencontrarme con un viejo amor platónico, esos amores de infancia que caen en el olvido y un día reaparecen, porque nunca se fueron.

Exponente del fútbol total creado por Rinus Michels, traspasó esa idea de jugar desde su parte de jugador a la de entrenador, dando inicio a la era soñada del Barcelona y convirtiéndolo en el “Dream Team”, la cuna de ese equipo perfecto que vemos jugar hoy, imbatible e imparable, que no juega partidos de fútbol sino que da espectáculos, bordando cada pase con un preciosismo nunca visto.

El camino que abrió Cruyff lo siguieron Guardiola (de quien fue entrenador en ese inolvidable Dream Team), Tito Vilanova y ahora Luis Henrique.

Ayer fui a ver el partido Chile–Argentina. Quería ver jugar a Messi, el hombre perro. Eché de menos un minuto de silencio por Johan, muerto a los 67 años de cáncer de pulmón (fumador empedernido, sólo dejó de fumar cuando ya no había mucho que hacer). Y mientras veía a Messi, que aunque no hizo uno de sus mejores partidos es ya una leyenda por donde quiera que pase y lo será hasta el fin de los tiempos, sólo podía pensar en cuanto le debo a Cruyff por haberme inculcado, con su acto de rebeldía, mi amor por el fútbol y gracias a él, haber estado ayer en una cancha donde a escasos metros míos, corría el mejor de la historia.

Vaya aquí para usted, Mr. Johan Cruyff, mi humilde minuto de silencio. Gracias por todo.

 

 

One thought on “Rebelde con camiseta

  • 28/03/2016 at 4:53 pm
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    El mejor de la historia para alguien que no ha ganado más que su equipo???

    Messi, aunque es muy bueno, no tiene comparación con Pelé, Ronaldhino, Romario ni si quiera con Ronaldo. De hecho no se le acerca ni a Maradona.

    Buen artículo de todas formas.

    Saludos

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